Gran parte de la prosperidad económica de la época se debe a la capitalización y la formación de riquezas privadas en base a la minería de la plata, el cobre y el carbón piedra. La actividad minera en Chile se caracterizó por una evolución constante a lo largo de todo el siglo. En ese aspecto, el Estado se limitó, en general, a legislar sobre la fiscalización de la minería. De este modo, el auge y progreso de dicho sector se debió principalmente a la iniciativa privada. En torno a zonas como La Serena, Ovalle, Lota, Andacollo, Coronel y otras, se crearon importantes centros de desarrollo minero, gracias a los yacimientos que permitieron el surgimiento de lo que se ha llamado la burguesía nacional: familias no aristocráticas que construyeron sus riquezas en función de la explotación de dichos centros mineros.
En 1838 se fundó la Sociedad Chilena de Agricultura, agrupación de dueños de campos a lo largo de toda la zona central de nuestro país. A esta agrupación se deben dos obras de importancia para el estudio científico de las labores del agro. La primera fue el boletín bimensual “El Agricultor”, que se publicó entre 1838 y 1849, con el propósito de divulgar técnicas agrarias y nuevos cultivos. La segunda fue la disposición de crear en 1839 un centro de experimentación agrícola, “La Quinta Normal”, cuna de la enseñanza de la agricultura en Chile, que mejoró las técnicas de agricultura al promover la renovación de técnicas coloniales obsoletas. Sin embargo, esta renovación no terminó con los agudos problemas de los campesinos, quienes siguieron en un viejo sistema de relaciones sociales y económicas hasta bien entrado el siglo XX.
La iniciativa privada permitió también la construcción de embalses y canales de regadío en predios que se extendían entre La Serena y Chillán, regiones donde las lluvias suelen ser irregulares, estando expuestas a sequías. Se terminó la canalización del río Maipo y se inició la construcción del canal en el río Aconcagua. En el río Maipo se construyeron los canales de Pirque, Puangue y de Las Mercedes. Otra serie de obras de regadío fueron construidas en el río Cachapoal, en Maule, Talca y Linares.
La zona habitada por los mapuche desde los tiempos de la Colonia, era desde el Biobío hacia el sur. En esta área se desarrolló toda una dinámica que les permitió, no sin problemas, mantener una cierta autonomía cultural y política. Sin embargo, a partir de la década de 1870, los ojos de los distintos gobernantes se dirigieron a esta inmensa zona llena de recursos naturales y de abundante mano de obra que se podía integrar al territorio nacional.
En ese contexto, en 1861, el gobierno dio su aprobación al plan de Cornelio Saavedra, confiriéndole amplios poderes al designarlo Comandante en Jefe del Ejército del territorio araucano e Intendente y Comandante General de Armas de la provincia de Arauco. La estrategia del comandante Saavedra consistía en la aplicación de un plan similar al del español Alonso de Rivera, quien a comienzos del siglo XVII organizó el primer ejército profesional de Chile. La idea era avanzar sobre el territorio mapuche desplazando la línea de fuertes que, en sentido transversal, protegería las tierras incorporadas. Detrás del ejército vendrían los agricultores nacionales y extranjeros, comerciantes y funcionarios estatales. Una vez alcanzada esta meta, se haría un nuevo avance, que tendría las mismas características del anterior. El plan consistía en ocupar las tierras desplazando a los indígenas a las llamadas “reducciones” que, como su nombre lo indica, eran reducidas áreas donde los mapuche, acostumbrados a un tipo de agricultura extensiva, comenzaron a vivir lo que para ellos significó el comienzo de una triste historia de expropiaciones de sus tierras ancestrales.
De esta manera, Chile fue construyendo su espacio interior, configurando lentamente un país que en realidad era un conjunto de zonas culturalmente distintas.
En 1838 se fundó la Sociedad Chilena de Agricultura, agrupación de dueños de campos a lo largo de toda la zona central de nuestro país. A esta agrupación se deben dos obras de importancia para el estudio científico de las labores del agro. La primera fue el boletín bimensual “El Agricultor”, que se publicó entre 1838 y 1849, con el propósito de divulgar técnicas agrarias y nuevos cultivos. La segunda fue la disposición de crear en 1839 un centro de experimentación agrícola, “La Quinta Normal”, cuna de la enseñanza de la agricultura en Chile, que mejoró las técnicas de agricultura al promover la renovación de técnicas coloniales obsoletas. Sin embargo, esta renovación no terminó con los agudos problemas de los campesinos, quienes siguieron en un viejo sistema de relaciones sociales y económicas hasta bien entrado el siglo XX.
La iniciativa privada permitió también la construcción de embalses y canales de regadío en predios que se extendían entre La Serena y Chillán, regiones donde las lluvias suelen ser irregulares, estando expuestas a sequías. Se terminó la canalización del río Maipo y se inició la construcción del canal en el río Aconcagua. En el río Maipo se construyeron los canales de Pirque, Puangue y de Las Mercedes. Otra serie de obras de regadío fueron construidas en el río Cachapoal, en Maule, Talca y Linares.

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